domingo, 27 de noviembre de 2016

Espacio Victoria

He descubierto un lugar donde se reúnen mentes inquietas como la mía, se llama "Espacio Victoria", un espacio donde se encuentran seres ávidos de conocimiento. Con la de hoy, han sido tres veces las que he acudido a ese lugar.
Como no, apareció por casualidad buceando en el ciberespacio a través de Internet. "El Bosco, lo grotesco y lo fantasmal". El titulo de la charla me atrapó. Además venía acompañado de una ilustración, una imagen de "El Jardín de Las Delicias". Me bastó para decidir que quería acudir. Reservé mi entrada y unos días mas tarde me presenté allí. Nada más entrar, me llamo la atención la encantadora amabilidad de los organizadores, tienen una especie de gratitud en su mirada, un poco incomprensible ya que las charlas que allí se ofrecen son totalmente gratuitas. Me imagino que nacen del amor que sienten en lo que hacen, nuestra asistencia debe ser como una especie de recompensa a su labor. Es muy gratificante sentir su cariño. Me acompañaron hasta el lugar donde esperaban el resto de oyentes y me senté en un lugar discreto en la última fila. Desde el principio me sentí atrapado por la historia del Bosco y su gran obra. Disfruté la charla y me fui con ganas de más.
Volví dos semanas más tarde, "La concentración en el budismo tibetano". Este titulo sonaba quizás demasiado lejano pero confié en mi intuición y me aventuré a una nueva sorpresa. La experiencia fue aun mejor. Atención, mente, distracción, esfuerzo, sentidos, iluminación.... todos esos conceptos relacionados magistralmente en un cuadro. Elefantes, monos y un camino ascendente en espiral. Fascinante. Me compré el libro donde quedaba plasmado todo aquel conocimiento y volví a irme de manera discreta.
Hoy he vuelto, "Aristoteles y la Felicidad". Quizás esta charla ha sido más teórica y conceptual que las dos anteriores aunque disfruté el coloquio que surgió después de una manera espontánea. Entre los allí asistentes pude reconocer a la entusiasta aprendiz de filosofía, al sabio anciano y un poco ególatra, al encantador anti sistema de la primera fila, a la abuelita solitaria e incomprendida y a Maite, la señora que se sentaba delante de mi, un simpático y generoso corazón. Me gustó percibir que la búsqueda no entiende de razas, edades, creencias, sexo ni culturas. 
Encontrar este lugar me ha dado un voto de confianza y un aliento de esperanza hacia esta perdida sociedad en la que vivimos. Gracias por compartir.

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